Publicado en filosofía

Lo interior.

Ilustra el texto escrito.
Balcón desde el que se ve el exterior.

Desde el interior lo exterior se vuelve Otro. La interioridad, las paredes de una casa, los libros de una estantería o el sofá en el que uno se sienta y desde el que se ve la tele, se convierten en lo que uno es. Los altos edificios golpeados por el Sol, los sonidos de la calle y la ropa colgada en los tendederos que se mueve con el viento son lo Otro. La otredad inalcanzable desde el interior en el que uno está cuando no está fuera. El viento atraviesa la casa de extremo a extremo, y entonces, si uno se encuentra en su recorrido, se encuentra atravesado de alteridad, como si su identidad estuviera siendo lentamente desgarrada por las rachas de lo Otro. El cielo azul, generador de contrastes y de líneas rectas recortadas contra sí mismo, se aparece como lo otro Absoluto. El interior se afirma en su diferencia de lo exterior a través de las paredes, de las ventanas desde las que mirar como si aquello que está más allá del cristal fuera distinto a lo que está más acá. Pero cuando uno está en lo interior y se siente completamente opuesto a lo exterior, aparece en sí mismo otra alteridad, esa que está más acá de su piel, otro interior en el interior de su cuerpo. Entonces parece ser que en realidad, tanto sus entrañas como las calles son alteridades que quedan más allá de uno mismo. Uno se aparece como el vacío que queda entre lo que se trata de delimitar y como los límites que aparecen en estas delimitaciones.

Publicado en Literatura

Cees Nooteboom, Premio Formentor de las letras 2020.

Es el autor del que se habla en el texto.

 

Acabo de asistir a la presentación que ha hecho de sí mismo Cees Noteboom al recibir el Premio Formentor de las Letras. Fantástica idea la de la literatura construida desde el nomadismo radical. Para mí representa la literatura construida desde los márgenes, esas cabinas de los camioneros que tanto ha citado (tanto o más que todos los autores que ha ido señalando), la literatura hecha a base de extrañeza, una voz que nace de la alteridad y del desplazamiento. Él lo ha definido como una literatura que nace del camino hacia. Pienso que tiene tintes hegelianos y blochianos, pero sobre todo tintes de la modernidad: una época que se construye siempre en camino hacia y que jamás puede estar concluida porque sino ya deja de ser ella misma. Y yo, como moderno redomado y recalcitrante, admiro profundamente a este hombre y las palabras que ha leído esta noche en este premio Formentor extraño y delirante, reproducido telemáticamente como para acentuar la distancia y subrayar la proximidad de esta época imposible que se ha convertido en lo posible, época de la posibilidad imposible. Gracias a Nooteboom por sus palabras y al jurado por haber premiado, además de una gran trayectoria literaria, el nomadismo y la alteridad.

 

Aquí la lectura del post:

 

Publicado en filosofía

Notas sobre “Identidad y diferencia” de Heidegger.

Parece que el pensar mantiene algún tipo de relación íntima con el ser. Como si no se pudiera empezar a pensar sin antes pensar lo que se es. Y no solo lo que se es sino aquello que se puede o se quiere ser. El pensar parece estar ligado a un proyecto (de pensamiento o vital) y es como si apareciera en los márgenes de la experiencia, o como si se encargara de mantener fijas las junturas de dicha experiencia. Pensar parece ser, en parte, un ir contra las fuerzas de la vida, entendidas como la laboriosidad y el hacer. Ellas nos llaman y nos empujan hacia unos objetivos y nos dan mandatos mientras el pensar trata de oponerse a ellos. Pensar es resistirse y no dejarse arrastrar irreflexivamente hacia la vida o hacia la muerte.

 

 

 

 

Aquí la lectura de la entrada:

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Últimas lecturas.

Hace poco hemos cambiado de vecinos de abajo e hicimos una comida improvisada en casa. Resultó que la vecina había estudiado humanidades en la Pompeu Fabra como yo. Hablando y hablando le comenté mi interés por el tema del otro y del doble. Se fue y por la noche vino a subirme El doble de Dostoievski. Yo solo había leído Crimen y castigo hacía tiempo sacado de la biblioteca municipal de al lado de casa (la versión en dos tomos de Alianza). El doble me apasionó de principio a fin. La construcción del personaje y de los pensamientos que van cruzando su mente constantemente como un estribillo que lo va arrastrando hacia la desesperación y la locura es sencillamente genial. La aparición de su doble es aterradora, pero sobre todo por la forma en que lo encaja el protagonista. Su contrincante representa todas aquellas cualidades que él desprecia, siendo muy claro el paralelismo con otros textos que tratan esta misma temática como William Wilson de Poe, Dr. Jekyll y Mr. Hyde o Fausto de Goethe. Me sentí identificado con los dos personajes y reconocí en el libro la facilidad con la que cualquier ser humano puede caer en las garras de la locura; tema que también plantea el autor en El jugador, libro que leí en cuanto terminé El doble. En esta novela vemos cómo el protagonista es víctima de la ludopatía, aunque quizás decirlo así es banalizarlo; ya que lo que se nos describe es la decisión de un individuo de precipitarse en el abismo y la desesperación, conduciendo a toda ostia y sin frenos. Y bueno, nada, seguiremos leyendo ante la interminable sucesión de acontecimientos catastróficos a los que asistimos, no sea que dejemos de oponer resistencia al sin sentido.

 

Aquí algunas ideas más:

 

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¿Qué es la filosofía?

Desde sus inicios la filosofía ha planteado al ser humano preguntas que tienen que ver con él mismo pero también tienen que ver con el mismo hecho de preguntar. El filósofo se pregunta sobre la realidad que lo rodea, pero también se pregunta por qué tiene que existir una realidad y cómo es capaz él de preguntarse por esa realidad. El filósofo se pone delante del mundo como si este fuera una cosa diferente de sí mismo. Marzoa lo expresa maravillosamente:

La noción de alguien que no sólo juega, sino que pretende, de alguna manera, decir el juego, lo cual es una incómoda posición si se tiene en cuenta que “el juego” es aquí el juego que siempre ya se está jugando. Para designar una actividad o actitud cuando menos muy próxima a la del hístor de la historía [el que percibe, inquiere y averigua], aparece alguna vez (Heródoto, I, 30) una palabra cuyo verdadero sentido griego nos interesa también no confundir con lo que después llegó a hacerse de ella: theoría es la actividad o actitud del theorós, y éste es quien ciertamente está en el juego, pero está como viniendo de fuero, siendo este venir de fuera la condición de que se pueda hacer relevante el juego mismo; en general los usos de la palabra hacen referencia a “juegos” que de algún modo son o representan el juego que siempre ya se está jugando, y en todo caso es la referencia a ese juego lo que hace de la theoría algo terrible, un estar fuera de aquello a lo cual sin embargo siempre ya se pertenece (Felipe Martínez Marzoa, Historia de la filosofía antigua, p. 16)

El teórico es el portador de una situación complicada: forma parte de la vida y a la vez se la mira con distancia. Recuerdo una vez, hace mucho tiempo, cuando tenía unos 16 años, estaba en un bar llamado Naturalia con cinco amigos míos. Estábamos todos sentados alrededor de la mesa hablando y haciendo bromas. Me sentía contento y alegre y me gustaba que mis amigos riesen y también estuvieran alegres. No había mucha luz pero recuerdo perfectamente sus sonrisas y sus miradas de complicidad. De golpe me empecé a sentir extraño. No era nada particular, sino que fue como si hubiera cogido distancia y empezara a mirar la situación desde fuera, como un observador. Me fijaba en la manera que tenían de hablar mis amigos, en lo que hacían, en el lugar en el que estaban y en mí mismo, en mi postura y mi expresión, etc. En esos momentos me convertí en un theorós, un teórico (cualquiera). Alguien que estaba dentro y fuera de la vida al mismo tiempo.

Con el theorós empieza el diálogo con el mundo: ¿de dónde viene todo esto que veo? ¿Cómo ha empezado? ¿Qué hago aquí preguntándome esto? Estas preguntas hacen que el que pregunta se sienta extraño, extraterrestre, fuera del mundo y de la tierra, diferente a los otros, un alien. Y esta sensación se instala dentro del filósofo y una vez que lo toca ya no lo abandona. Es a través de la extrañeza que el filósofo pregunta y pregunta, se cuestiona y reflexiona sobre las cosas.

Esta espiral de extrañeza y preguntas hacen que el filósofo se de cuenta que existe dentro de sí mismo un Otro que lo acompaña: una voz que lo ayuda a reflexionar sobre el mundo. La alteridad, el otro, eso diferente que también somos; nos proporciona el diálogo adecuado para adentrarnos dentro de las problemáticas filosóficas y también vitales. La psicología profunda inventada por Carl Gustav Jung tiene un concepto para hablar de este Otro: la Sombra. Neumann define la Sombra de la siguiente manera:

La Persona, bajo la autoridad de la conciencia moral, excluye cierta cantidad de componentes psíquicos. Éstos son en parte reprimidos y relegados al inconsciente, pero en parte se los mantiene conscientemente alejados de la vida de la personalidad por medio del control del Yo. Todas las cualidades, aptitudes y tendencias que no concuerdan con los valores de la colectividad, todo lo que recela de la luz de la opinión pública, se convierte en Sombra, lado oscuro de la personalidad no conocido ni reconocido por el Yo (Erich Neumann, Psicología profunda y nueva ética, p. 51).

Es verdad que nosotros no estamos hablando exactamente de este otro, pero esto nos sirve para ver que desde la psicología se ha trabajado también el concepto de un Otro que tenemos dentro y que nos ayuda (o nos pone problemas) en nuestro desarrollo. La literatura universal ha trabajado magníficamente este tema: El doble de Dostoievski, Fausto de Goethe, Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson… son algunos ejemplos. No es casualidad que en los inicios de la filosofía Platón hable de que Sócrates tenía un daimon interno con el que dialogaba. Este Otro es definido por el filósofo como divinidad o demonio; demonio en el sentido de psicopompo: guía psíquico interno que nos ayuda a descubrir aquello que desconocíamos antes de su aparición. Puede que la filosofía sea, en parte, este descubrimiento y la sensación que nos produce.

Aquí la lectura del post:

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Apuntes en un cuaderno pequeño.

Hoy he encontrado un pequeño cuaderno amarillo con rayas negras, no tiene fechas pero debe ser del año 2013. Transcribo lo que he encontrado escrito en él:

 

 

Por la mañana, mientras tomo un cortado en un bar del barrio y medio escucho las conversaciones del dueño y los camareros, después de venir de la universidad dónde un profesor me ha puesto los pies en la tierra sobre un trabajo de final de máster interminable, reflexiono sobre mi memoria y en consecuencia sobre la literatura. La vida como escritura o como reflexión sobre la escritura. Mi pensamiento puesto en lo que voy a escribir o en lo que no escribiré jamás. Mi pasado como memoria me lleva a pensar en la memoria de mi pueblo (?) ¿No es la literatura un ejercicio de memoria? ¿No es toda escritura un diario que solo puede descifrar el propio escritor? ¿No es todo ejercicio de pensamiento sobre la propia vida una reescritura del pasado? La vida es un ejercicio literario y, como tal, tiene una parte de artificio. Lo artificial es lo opuesto a una supuesta naturaleza esencial. Las palabras bailan en mi cabeza y se enlazan describiendo círculos. El pensamiento circular avanza buscando un estilo: la escritura elegante (?). Abro los ojos y siento la tentación de abandonarlo todo y sentarme a escribir. La literatura como tentación. Las palabras nacen de una fuente inagotable de placer, igual que la memoria. La vida es una búsqueda constante de un manantial que no existe. La escritura es la mentira, si creemos que en ella hay una verdad, nos rechazará eternamente.

 

Aquí la lectura del texto: